martes, 25 de octubre de 2011

"La novia decidió cerrar los ojos y saltar"


(Ilustración de Antonio Del Olmo)


En correspondencia a la simpática dedicatoria en una de sus obras, para un amigo y un artista. La obra es real, la dedicatoria también; lo demás, pura inspiración del dibujo.



Empezó a llover cuando entraba en la galería de arte. Sacudió con un gesto las ligeras gotas que se escondían entre su pelo, y avanzó despacio por la sala de la exposición. Sentía el profundo desagrado que le causaban siempre aquellos actos de compromiso y que su rostro no sabía nunca disimular. “Eres como un espejo de tus emociones, niña”, le decía Jaime a menudo; y tenía razón, todo el mundo adivinaba su estado anímico enseguida, porque le costaba fingir.

Ahora, le vio acercarse a ella apenas la había visto entrar, él sí con su amplia sonrisa de bienvenida y su elegante traje gris, que cuadraba con el blanco brillante de sus escasos cabellos, como la buena composición de un lienzo más. Jaime se abrió paso entre los grupos dispersos que conversaban en voz baja y consumían cava de estilizadas copas. Le dejó llegar, y recibió en silencio su casto beso de rigor en la mejilla y el afectuoso apretón en su brazo, como infundiéndole ánimos para afrontar el evento.

-¿Cómo estás?; creí que ya no vendrías, por lo que me protestaste ésta mañana…, y además ahora llueve- dijo él, sin dejar su cálida sonrisa, ligera y familiarmente irónica.

Ella suspiró con énfasis y contestó, al modo que solía ser el tono habitual de sus conversaciones con su agente y amigo:

-Sabías de sobra que me iba a presentar, aunque no me gusten un pelo las encerronas que me preparas…A ver, ¿en qué consiste la estrategia de hoy?, ¿a quién crees que debo conocer?-

Jaime dejó ir su abierta carcajada, y comenzó a guiarla por la sala mientras le susurraba, casi pegado a su oído:

-En primer lugar, al artista; un chico nuevo, que empieza en esto…Pero interesante; aplica una técnica que además de innovadora no deja de ser…-

-¡Jaime, ahórrame el manual, por favor!- le interrumpió ella, con hartazgo tan sincero que provocó una nueva carcajada del hombre.

-Está bien, vale, pero quiero que le conozcas porque le patrocina Luzón; ya sabes, una cosa lleva a la otra, y si pudiéramos hacer que nos ayudara con la nueva edición… ¡es un peso pesado en el mundo de la cultura!-

-Claro, claro, el mundo de la cultura- repitió ella, con resignada paciencia.

El artista en cuestión no aparecía por ninguna parte, en aquél momento, y Jaime desistió por un rato de obligarla a participar en todas las tertulias de todos los presentes. Se escabulló de él, dejándole muy ocupado en charlar sobre la influencia de la narrativa del siglo XVIII en la pintura de ídem, y se parapetó en un rincón, medio oculta por una columna que exhibía unos cuadros. Aburrida y sin mucho interés, reparó en uno de ellos y se quedó mirándolo con repentina atracción.

No entendía ni palabra de pintura, como el común de los mortales, y como ellos se dejaba guiar en esa faceta por lo que su instinto le dictaba; es decir, el viejo “me gusta, no me gusta”. La obra en cuestión representaba una extraña figura, trazada en negro, que parecía flotar en un cosmos rosáceo, fluido y difuminado. A eso le llamarían “abstracto”, o quizás no, pero a ella solo le importaba que algo en el conjunto de la imagen le atraía..., ¡y que no había ningún pelma pedante, explicándole con pelos y señales los pormenores técnicos que, según él, representaba el cuadro! Así que se dedicó a simplemente observar, torciendo la cabeza cuanto le venía en gana para percibir las distintas y retorcidas formas que rodeaban a la figura central.

-Yo creo que es una novia- dijo una voz a su espalda.

Se giró precipitadamente, rogando en su interior que no fuera el pelma que tanto había temido. Se trataba de un hombre joven, quizás rozando la mediana edad, vestido informalmente- ¡a Dios gracias, los pelmas siempre iban de marca!- y con una mirada tan penetrante en sus ojos oscuros que despertó enseguida su interés. Sin embargo, no era a ella a quien miraba, sino al cuadro.

-¿Cómo dice?- preguntó, porque solo a ella podía haberse dirigido por más que no la mirase.

- La que salta, en el cuadro; es una novia que acaba de cambiar de idea y saltar de un globo aerostático, con los ojos cerrados…- afirmó él.

Ella volvió a mirar el lienzo; bueno, la figura estaba rellenada de un color blanco, así que podía tratarse de un traje de novia, pero…¡qué importaba, la cuestión era lo que inspirase a cada cual, y lo de aquél tipo no estaba mal!

-Pues, mire, ahora que lo dice, eso podría dar comienzo a una buena historia- contestó, sonriendo.

-¡Vaya, una escritora!- dijo él, sonriendo a su vez y acercándose a ella con una mano extendida- ¿Ha venido por la exposición, o está esperando a alguien?

- A lo mejor, las dos cosas- respondió ella- Mi representante opina que, en estos actos, se conoce a gente…Le estoy esperando a él; está empeñado en presentarme a un tal Luzón, ¿le conoce?

Él sonrió divertido, y dijo, soltando su mano que había retenido hasta entonces:

-Pues, sí, pero no le verá. Envió a su ayudante a última hora; él está en la Riviera, o quizá en Italia…, no sé. Y la acompaño en el sentimiento: yo también me estoy escondiendo-

Fue ella la que se rió entonces, aunque sintió el rubor ascender a sus mejillas.

-¿Es que es usted también escritor?- inquirió.

-No, soy el que ha organizado todo este jaleo…Y estoy huyendo de ello. ¡No sabía la que se montaba, por mostrar unas cuantas láminas!

Ella tardó unos segundos en cerrar la boca por el estupor; lo suficiente para que el sofoco hiciera presa total de su ánimo, y solo atinara a balbucear:

-Entonces… ¿es usted?... ¿el de la novia?

La risa del hombre era tan natural como espontánea.

-Sí, por eso sé que es una novia, que ha subido a un globo para casarse, y que ha comprendido finalmente que es mejor cerrar los ojos y saltar…-

-Ya; ¿miedo a volar o a los espacios abiertos?- preguntó, por decir algo.

-A los espacios limitados, más bien- elucubró él- A veces, parece que uno asciende, pero es solo una ilusión; en realidad, se está encajonando en un cubículo, donde van a acabar encerrándole para siempre donde no quiere estar- Y parecía estar trasmitiendo todo un mensaje, en esa afirmación.

-Entonces, es mejor saltar- dijo ella, después de meditarlo un instante.

-Sí, es mejor saltar- convino él.

Una presencia arrolladora interrumpió la conversación. Como salida de la nada, una mujer rolliza, envuelta en colores desde su traje turquesa hasta la melena teñida, acaparó la atención del artista.

-¡Ay, no me hagas esto, chico!, ¡llevo buscándote más de media hora! El señor Luzón me recomendó que no te perdiera de vista…Ven, hay un grupo de alemanes que quieren conocerte; no es por “fardar”, pero creo que los he medio convencido de que compren una de tus obras…- peroró casi sin aliento, mientras agarraba de la mano al anonadado hombre y lo arrastraba consigo.

Él se volvió hacia la mujer que acababa de conocer, y que permanecía junto al cuadro con una sonrisa comprensiva y algo compasiva.

-Recuerde, salte; salte antes de que le atrapen como a mí. Solo tiene que cerrar los ojos- dijo el pintor, antes de ser engullido por el gentío de la sala. Ella volvió a mirar el cuadro, pensó que le caía bien aquella “novia que decidió cerrar los ojos y saltar”, miró la firma: A. Del Olmo…Salió de la exposición pensando que pronto obtendría aquél cuadro. Acababa de saltar, con los ojos abiertos.

2 comentarios:

Liptuan dijo...

¡Hola! me ha gustado más la forma que el contenido, escribes muy bien me parece, todo muy fluido y visual, nada cargante, me encanta. El mensaje también me gusta, aunque el tópico de la novia que se arrepiente tengo la sensación de haberlo visto mucho, quizá es por el trauma de Novia a la fuga, jaja. Un dibujo precioso, a mi tb me inspira, um :-/

Atlántida dijo...

Hola, Liptu

Gracias por tus comentarios, y me alegro que te guste. Había que ceñirse al título del dibujo,que es el mismo que el del relato, por eso el mito de la novia. Ese dibujo forma parte de un libro de ilustraciones que publica un amigo y compañero. Gracias también en su nombre ;)

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